La tienda a la vuelta de la esquina

Después de algunas semanas, que han pasado rápido entre fiestas y puentes, volvemos a movernos rápido por la ciudad, y por supuesto a hablar de bicicletas.
Después de habernos enfrentado al intrigante y (a veces) oscuro mercado de las bicis de segunda mano, y haber analizado el fresco y loco mundo de las tiendas de ciclismo online, vamos a llegar a lo que, de momento, es para algunos el templo de la compra segura y, para otros, el reino del timo y de los gastos innecesarios: la tienda física de bicicletas.
Grandes almacenes del deporte, pequeños negocios de toda la vida, tiendas especializadas con departamentos separados por cada especialidad, oscuros talleres que huelen a neumáticos nuevos y grasa de litio… En ciudad hay de todo, para todo nivel y para todos los bolsillos.
Yo, personalmente, intento no pasar mucho por tiendas, especialmente si son grandes y con muchos productos disponibles. El olor, el hecho de poder tocar las piezas, la posibilidad de hacerte una idea de su calidad a través del acabado, es una mezcla a la que es muy complicado resistirse.
Lo máximo, además, es pasarte por allí con tu bici para poder comprobar al momento la compatibilidad de cada componente con tu montura. En dos palabras, demasiado peligroso!
El alma de las tiendas físicas, lo que las caracteriza y las hace únicas, sin embargo es otra cosa: el personal que trabaja en ellas.
Que sea “agresivo” o que pase desapercibido, el personal siempre estará allí para ayudarte y contestar tus preguntas, algo que a día de hoy se agradece mucho, especialmente para los novatos que se acercan a este mundo cada vez más (innecesariamente?) variado y complejo.
En los lugares más pequeños, a menudo, no es raro que un encargado se acuerde de ti y de la última vez que pasaste por allí, te pregunte como te encuentras con tu bici y se ponga sencillamente a charlar contigo de la pasión que compartís.
Porque claro, si hay una cosa que no falta en las tiendas físicas es la pasión por la bici.
Comprar aquí tiene diferentes ventajas. La primera, es que puedes tocar, probar y hacerte una idea clara de lo que vas a elegir. Porque no hay nada como sentarte en una bici antes de comprarla, comprobar cómo se maneja, cómo frena y cómo cambia. Lo único bastante inútil, en un primer contacto, es comprobar el sillín, porque es verdad que por cada culo hay una silla, y mejor acertar con ésta, pero también hay que decir que antes de dar un juicio, hay que “poner kilómetros” entre nalgas y sillín.
La segunda, que ya hemos comentado, es la posibilidad de ser asesorado por personas competentes y apasionadas. 

La tercera, y quizá la más importante para un novato, es la asistencia post venta. 

Empezando por los reglajes básicos antes de salir de la tienda, pasando por los inevitables ajustes que hay que hacer después de las primeras semanas de uso. Radios, frenos, transmisión y toda la tornillería en general, necesitan un repaso antes de que se asienten y empiecen a funcionar correctamente. Muchas tiendas incluyen esta primera revisión en el precio de compra. Y se agradece, especialmente si no se poseen los conocimientos (y las herramientas) para poder hacerlo en casa y sin ayuda.
Por último, la garantía. Es verdad que cualquier producto comprado (legalmente) online tiene garantía oficial, pero es mucho más cómodo llevar tu bici defectuosa a la tienda detrás de la esquina, y que se las apañen ellos con los temas de reclamos, embalaje y envío.

Dicho esto, hay algunos inconvenientes y desventajas de la compra física.

Primero: los precios. Cuántos más intermediarios tiene un producto hasta el consumidor final, más caro le va costar a éste. Esto se debe a los recargos (legítimos) que se añaden cuando la mercancía pasa del productor al importador, de aquí al distribuidor, al agente, a la tienda y por fin a quien se lo lleva del escaparate.

Segundo: la variedad y las opciones serán, por supuesto, menores que en una tienda online, por temas de gastos de almacén y de los riesgos que se tome la empresa comprando algo que no sabe ni cuándo ni cómo lo va a revender. Normalmente, quitando los componentes/accesorios básicos, si buscas en una tienda física algo un poco menos “comercial”, es mejor si miras en la red. Claro, siempre se puede pedir por encargo en la tienda, pero los tiempos de entrega a menudo se harán eternos.

Por último, algo que hemos considerado un punto de fuerza del comercio de proximidad, el factor humano, a veces puede considerarse una desventaja, ya que no todos los vendedores son igual de competentes. Ni, a veces, igual de honestos…

Así que ya sabes: las posibilidades son muchas, ahora depende de ti elegir la que más se ajuste a tus necesidades, y a tu bolsillo, claro!

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